En la mierda

Continuación de “La puntual necesidad humana de irse a la mierda”

 

-Joder tía. Es la última vez que te hago caso. ¡Esto está muerto! – exclamó Sara al llegar a la planta baja del Trevere.

-¡Eh! Que yo sepa nadie te ha prometido esta noche el Primavera Sound.- contesto Marina mientras la atrapaba con su brazo.  – Además creo que recordar que la razón de venir aquí no era la juerga ¿no? – señaló las dos banquetas junto a la máquina de Bingo.

Sara hizo un gesto de conformismo con la mirada. Era un gesto insólito y curioso, pero solía hacerlo cada vez que se rendía ante Marina. Subía las dos pupilas en un gesto hacia el techo y después los bajaba de manera drástica hacia el suelo. Pam. Lo que tu digas.

Se acomodaron en silencio. Marina miró alrededor, debía de admitir que el local parecía más en sus horas bajas que nunca. Ricky,el camarero del turno de noche dormía placidamente sobre la vieja máquina registradora. Un cigarro de liar asomaba por sus labios y amenazaba con caerse en cualquier momento sobre la moqueta pringosa, y húmeda aún, de whisky, vodka o carajillo. Carteles de conciertos que tuvieron lugar antes  de que Marina o Sara hubieran hecho la comunión adornaban las paredes. 1992 Los sopletes. 1994 Siniestro Mortal. 1995 Los Kikos Podridos. El Trevere debió ser un lugar referente al que ya nadie hacía referencia.

-¿Bueno entonces a qué viene todo este drama? – dijo Sara mientras metía monedas en la ranura de la máquina de Bingo.

-¡Ey Ricky! EEEEEYYY – Gritó Marina al camarero ignorando a Sara – Dos cañas vale, y bien tiradas que nos conocemos….

-¿Pero tú has oído mi pregunta? – dijo pinchando el brazo de Marina.

-Sí, leche. Pero sabes que me expreso mejor con un poquito de esto – respondió sorbiendo la caña llena de espuma. -ahhh mucho mejor.- Se trata de  Juan…

-¿Quién coño es Juan? – exclamó Sara – ¿El fake? ¿El de la falsa vida que trabajaba en la constructora pero al final estaba en paro y se iba a casar?

-No, ese no, ese es Javi. Me refiero a Juan el de…

-…¿La tienda de camisetas en Benidorm? –

-Sí ese. El que pintaba tan bien. Por cierto tenemos que dejar de ponerles motes ¿eh? A ver cuando te aprendes los nombres…

-A ver cuando dejas de salir con tantos… – respondió Sara – Entonces el de la tienda de…Juan.  Con ese ¿qué?

-Pues que para nuestro aniversario…de un mes – hizo una pausa al ver como su amiga aguantaba la risa – Vale, un mes no es exactamente un periodo largo pero me hacía ilusión…o simplemente de una manera inconsciente sabía que no llegaríamos al segundo mes…

-¿Sabes que a veces las cosas terminan porque creemos que van a terminar no?
Haces mucho eso…

-¿El qué?

-Pues contar el final antes de empezar la historia,  matar las cosas antes de que estén vivas y…

-No espera, lo que ha habido entre Juan y yo se lo ha cargado el solito. Ja muerto en el momento en el que me ha regalado una camiseta en la que ponía TE QUIERO MARTINA. No culpes a mi pesimismo de ello… Joder tenías que ver la cara que he puesto, no había espejos alrededor pero he tenido que poner la cara más de mala ostia que se haya podido poner en la historia de la humanidad. Y eso que existe Ylenia.

– A ver…¡Para el carro! ¿no se te ha ocurrido pensar que…?

-¿Qué era un fallo ortográfico o de imprenta? ¡JA! eso es lo que ha dicho el caradura de él. Que la imprenta del negocio familiar está vieja y produce estos fallos, y que no se qué y no se cuantos de la tinta y la pigmentación…intentando que olvidará que su ex-novia de hace un mes y medio se llama así.

-Bien vale lo entiendo…perdona – se disculpó Sara

-Y..y sabes -dio un trago largo terminando su caña – ahora me siento una puta mierda.

– Mira Marina ¿ sabes que te pasa? Que pones todo tu valor, tus creencias, lo guapa que estás un martes, lo conseguido y lo que queda por conseguir,  todo en las manos de otros. . Y luego cuando estas personas apachurran todo lo que tú eres, lo sueltan porque no están interesados, o porque son mongolos perdidos o no saben hacer una puñetera camiseta bien…. caes al suelo, mejor dicho, te tiras tu solita y cuando  nadie te recoge… ¡y te sorprendes! ¡Te enfadas con el mundo!   Y acabamos aquí en el Trevere en la puñetera vispera de nochevieja bebiendo esta mierda de espuma con un poco de birra – Dedicó un brindis falso a Ricky, que parecía volver a quedarse dormido, esta vez sobre la máquina de hielos.- Y lo he visto con todos; el de las pipas, el fake, el tipo ese de los cortos…y todos los demás que son ya como veintitantos….y no pretenderás que los recuerde a todos.

El tono de Sara había sido directo pero suave y sin embargo  a Marina le resultó doloroso como casi todas las verdades cuando se enfrentaba a ellas. Apartó la mirada de su amiga esquivando la acusación. La mayoría de las luces estaban apagadas. El luminoso de EXIT, al fondo a izquierda frente a los baños, era de hecho la lampara que más brillaba. Sara pensó brevemente en ello como en una indirecta caída del cielo, pero lo ignoró al primer trago de cerveza.

En ese momento se escuchó un ruido metálico y continuo. Las dos amigas se giraron, un tipo de pelo enmarañado y posible poco higiene entró en el bar; era Ruben. Hacía tiempo que no lo veían. Meses. Estaba distinto. Más moreno o quizá más sucio. Sea como fuere todo el mundo pensaba que estaba en Proyecto Hombre y sin embargo nada más verle supieron que eso era imposible. Estaba colocadísimo; no hacía falta saber de drogas para darse cuenta. Las pupilas estaban tan abiertas que parecían querer comerse el resto del ojo. La mandíbula bailaba al ritmo de sus chapas.

-Hablando del rey de roma – comentó socarronamente Sara – Ahí tenemos a El Chapas. Fíjate. De ese sí me acuerdo…¿y tú Marina…te acuerdas?

 

Continuará

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