7200 minutos

5 días son 120 horas. 120 horas son 7200 minutos. Cuando estoy camino de calcularlo en minutos me detengo, puede resultar demasiado aterrador. Dejo las maletas en el cuarto que me ha tocado, es decir el peor, el de la cama de 90 en la planta baja con una pequeña ventana con gordos barrotes de hierro. Genial, pienso, mi familia ya está al tanto sobre mis planes de fuga. Me siento en la cama que chirría mirando la aséptica habitación. Cuadros de ciervos, tapetes en el baño. Es navidad y estoy a 80 kilómetros de mi habitat natural y posiblemente a 120 del receptor de telefonía más cercano. Agito nerviosamente mi teléfono movil pero ninguna barra de cobertura parece tener la intención de aparecer en pantalla. 7180 minutos

Una vez me he instalado, es decir, he dejado la maleta tirada en un rincón, vuelvo a la primera planta y me encuentro de frente con mi hermano Xabi y su novia Amanda. Amanda lleva un corto vestido rojo, que envuelve a la perfección sus perfectas piernas y su perfecto culo. Siguiendo su línea me saluda con su perfecta sonrisa y su perfecta educación de escuela de pago. Sí, Amanda es perfecta pero ¿quién coño se llama Amanda en Astigarraga? ¿Acaso nadie de mi familia ha visto Melrose Place? Una mujer que lleva menos ropa que el muñeco de nieve que hay en la entrada en pleno diciembre no es de fiar. Yo sé que el tiempo me dará la razón, pero sé que hoy no es el día de la batalla, y menos de la victoria.  Por ello, y sin dejar de sonreirle, me dirijo a la cocina donde están mis hermanas, mientras me masajeo los mofletes. Me duele ser tan falsa.

Sentada a la mesa está Miriam y en la encimera friendo croquetas para los niños Julia. Al principio colaboro en este momento de unión familiar. Hablan de trabajo, de política, de cine. Yo que sé, de cosas de las que puedo formar parte. Pero después todo toma un cauce sin vuelta. Mis hermanas son mujeres como yo, pero también madres, sus niños no les comen bien, o sacan malas notas, o no obedecen, o no saben a que extraescolares apuntarles…y claro, a la tercera oferta de chandales del Lidl decido escaparme.”es que no les duran nada” escucho mientras me alejo y decido emigrar al campamento base que han instalado los cuñados junto a la chimenea.

Los cuñados son unos entes con los que no pasaría ni cinco minutos en una tarde de agosto, pero es Navidad, tienen cerveza de la buena y en la soledad que me acompaña en esta casa de campo ese simple detalle los eleva a la categoría de “mejor-compañía-posible”. Charlan de fútbol, intercalando el debate con algún vídeo jocoso y machista que han recibido en el whatsapp. No tengo ni idea de fútbol, ni de deportes, pero tras un largo trago a mi birra me envalentono y comento “el nuevo fichaje del athletico es muy guapo, dicen que está liado con la Monroy”. Me miran como si  jamás me hubieran visto antes, entrecerrando los ojos en un intento de comprender que coño hago allí. Mensaje captado. Me alejo de la zona haciendo el moonwalk y me tumbo en un sofá que está bastante lejos de todas estas personas que dicen ser mi familia.

Cuando estoy apunto de alcanzar algo parecido a un estado zen mi madre grita desde la cocina”VENGA TODOS A SENTARSE”, que sería lo mismo que decir que lo ha dicho, porque mi madre todo lo dice gritando. Me siento a la mesa. De primero tenemos langostinos, jamón, percebes y el tema de la crisis. Todo muy clásico. De segundo bistec con puré de patatas y la inminente boda de Amanda y Xabi. Inminente en caso de que nadie se de cuenta de que tras esa apariencia angelical hay una zorra latente esperando joderle la vida a mi hermano. De postre, junto con el sorbete de limón, y los orejones y las pasas que solo los mayores de 65 años son capaces de engullir tenemos ese tema atemporal. El Trending Topic familiar. Mi madre,que es muy protagonista de todo, hace los honores mientras se mete un orejón en la boca; “Un pajarito me ha dicho que te han visto con un chico”. “Pues debía ser ciego mama” digo mientras miro el corcho del vino con el que juego entre mis manos.  En esos momentos pienso en ese pajarraco conspirador que ha estado planeando en cada una de mis cenas familiares a lo largo de los últimos 7 años. Me lo imagino en la cafetería de la plaza del barrio, con su café con leche, rodeado de una docena de madres a las que contar sus mierdas. Me meto una pasa en la boca, intentando que todo el mundo olvide el comentario. También intento comerme la pasa pero es imposible. Vaya, todos han decidido que tienen algo que decir; “es que eres muy exigente”, “No debiste haber dejado a Mikel”, “Yo tengo un amigo soltero que es muy majo” redondea mi cuñado.

Y es que así es. Según los cálculos familares  me quedan tres años de margen para parir mi primer retoño. Según mis cálculos y basándome en el hecho de que conozco a un hombre basicamente decente cada dos años y ocho meses de media, eso me deja una gestación de cuatro meses, y dado que tampoco soy un pato, ni un cerdo.. así a la primera no me salen las cuentas. No saben que lo más cerca que he estado en los últimos dos años de tener una relación sexual decente es cuando “Pepe” me penetra. Y cierto que Pepe es delicado, suave y silencioso, pero también lleva pilas y me lo compré en una tienda de Greenwich Village el verano pasado. Quién sabe, quizá  mi madre se llevaría bien con él, está claro que nunca le llevaría la contraria. Por un breve momento me imagino a Pepe sentado en la silla que  ocupa Amanda. Mucho mejor.  Amanda me mira con ojos compasivos mientras me dice “Tranquila, conocerás a alguien el día menos pensado.” Cojo un polvorón y se lo meto por la boca. “¿a qué están buenos verdad? ¿qué? ¡no te oigo!”.Bueno en realidad lo imagino, pero es igual de gratificante. Dios…¿qué opinaría mi psicólogo de todo esto? Seguramente que debería de pagarle más.

Aduzco que debo ir al baño y vuelvo a mi habitación. Me tumbo en la cama. Jamás debí haber aceptado venir a este campo de concentración disfrazado de adorable casa de campo. Pienso en todas las personas que he dejado atrás en la ciudad y también en Mikel. ¿estará pensando él en mí? Mejor dicho ¿porqué coño estoy yo pensando en él?… Ana y Ainhoa estarán montando una buena en el piso. Botellas de verdejo para todos, música a todo volumen y orgías. Bueno, quizá esto último no pero sigue siendo un plan mejor que estar resguardada en mi cuarto mirando al techo un 25 de diciembre.

Alguien se asoma por la puerta, alguien diminuto.  Luce unos zapatos de tacón de plástico, un vestido rosa y una diadema de Barbie. Es June, la hija de Miriam, mi sobrina. Se acuesta a mi lado, le hago cosquillas y se ríe pidiéndome más. De repente interrumpe el juego “Mi ama dice que se te está pasando el arroz”. No sé si ella comprende la expresión o no y además… ¿qué se le dice a alguien con una diadema de barbie en la cabeza sobre encontrar el amor? … “Dile a tu madre que a nadie se le pasa el arroz sino tiene intención de comer paella” resuelvo. June me mira extrañada, no entiende absolutamente nada de lo que estamos hablando, pero se ríe igualmente. Se queda dormida en mi pecho. Quizá todo no vaya a ser tan malo al fin y al cabo, pero de todos modos miro el reloj-despertador que hay en la mesilla. 6980 minutos. “Venga, tu puedes” me digo, y después yo también caigo en un profundo sueño. 

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