TE LO MERECES

“PRASS”  ¿has escuchado alguna vez el ruido de dos manos al aplastar una botella? Ha sonado parecido. No te atreverías a decir que ha sido en el corazón. Pero ha andado cerca. Algo de lo que  no tenías conciencia hasta ahora se ha apachurrado en tu pecho, ha quedado arrugado como esas bolas de papel que los niños aplastan y después intentan encestar en una papelera.

Sabías perfectamente lo que tenías que hacer. Has cogido tu coche y has conducido 113 kilometros al norte. Como siempre, tu guarida en otro país, sigue inalterable con el paso de los años. Te das cuenta nada más pones el primer pie fuera del coche. La hierba suena igual de fresca cuando la pisas, el silencio absoluto te deja el mismo buen sabor de boca de siempre y la piscina emite el mismo hedor verde que solo las cosas abandonadas por años adquieren. Este lugar, Port d’Albret, siempre te ha parecido el único lugar del mundo en el que la soledad es capaz de mostrar una buena cara ante tí.

Es cierto, te pasas más de cinco horas llorando a intervalos de 30 minutos y siendo la única que puede escuchar tus lágrimas. Esto en sí ya es algo bastante patético. Pero además te comes dos paquetes de palmeras, esas del Lidl que hacen un ruido sorprendentemente fuerte cuando te las metes a la boca, y  has puesto  perdida la casa de migajas de hojaldre y hay marcas de vaso en todas las superficies posibles. Porque sí, cada hora reptas hasta la nevera y abres una cerveza. De hecho, un par de veces has estado apunto  de batir el record de 33 cl bebidos de un trago, esa marca que ostenta un señor gordo llamado Dirk que vive en Melbourne. Lo sabes porque lo has consultado en la wikipedia. Sí, a ratos te aburres, pero a ratos también el viento burlón de aquel pueblo te la juega. Sopla del sur arrastrando pensamientos demoledores hasta la terraza en la que te sientas, agitando parte de tu pelo y toda tu cabeza,  mientras miras como un mechero da vueltas en tu mano. También recibes de vez en cuando algún mensaje. BEEP-BEEP;  emoticonos y sonrisas, vídeos absurdos.  chistes cortos y malos, de esos que tanto te gustan. La gente que te quiere bien sabe que no quieres hablar del tema pero los muy cabrones saben y se las apañan para sacarte una sonrisa.

Al tercer día la casa parece haber aumentado su tamaño. El techo está más lejos de la cama cuando despiertas o quizá la que has encogido eres tú. Sea como fuere la soledad comienza a mostrar su cara habitual y el silencio te deja un regusto agrio cuando te vuelves a sentar en la terraza a dar cuenta de unos cacahuetes con miel que no terminaste anoche. “Hora de volver a la ciudad” piensas, y aprietas el acelerador  casi sin descanso hasta el momento de aparcar el coche frente a tu portal. Convocas a unos cuantos amigos y les envías la ubicación de google maps de tu nuevo apartamento. A las nueve comienza a llenarse el salón de gente bullosa. Os reís. Un par de ellos fuman un cigarro tras otro en la terraza. Oyes el murmullo de sus voces, no tienes ni idea de lo que hablan, pero  por sus gestos cabreado dirías que se quejan de como les van las cosas. Como todos, vaya. Poco a poco te pillas la cogorza de tu vida. Bailas hasta el aserejé y eso que va en contra de tu religión. Son las cinco de la mañana , te despides de algunos y de los que han echado mano de bombas de humo ya sabrás mañana. De vuelta en casa a duras penas eres capaz de encajar el diabólico puzzle que han tramado tu puerta y la llave que supuestamente la abre. Por fin duermes como un niño y no sueñas nada.

Al día siguiente el sol se te clava en un ojo, despiertas con el pelo enmarañado y las sábanas por el suelo. Tuviste al menos la cordura de acostarte sin las botas puestas. Piensas en comer, pero un rugido extraño que proviene de tu interior te alerta de que puede que no sea buena idea. Una ducha, sí; eso siempre sienta bien. El agua fría baja desde tu nuca hasta la cintura como nunca antes lo había hecho t. Con el pelo aún mojado te sientas en la tumbona de tu balcón,miras los pocos objetos que conforman el salón; hay soledad y recuerdos en aquel apartamento. Deberás de llenarlo con nuevos y mejores, reflexionas. La semana que viene me pongo a ello, concluyes. Estas segura de que es posible. Te lo mereces. Sola y sentada de nuevo al sol, a 113 kilómetros al sur de Port D’Albret, sopla de nuevo un aire burlón.  Vaya, piensas, parece que hay cosas de las que no se puede huir…. ni en coche ni maridándolos en ron. Pero esta vez, sin embargo, solo dejas que el viento te toque para secarte el pelo. Nada más.  Desde entonces ya no has vuelto a llorar por él.

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5 comentarios en “TE LO MERECES

    1. jajaja posiblemente estuviste también, o tuviste alguna vez un calco de la fiesta que cuento. Pero te agradezco que recojas las cervezas, me friegues los vasos y bueno, si ya de paso también te encargas de recoger las mariposas muertas que encuentres por ahí mejor que mejor. Un saludo y gracias por comentar!

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