Mariposas de ciudad

Tu siempre habías pensado que las mariposas eran de campo, y mira, aquí están, en medio de la ciudad; invadiendo las calzadas, sorteando  postes, farolas y vallas publicitarias, saltándose los semáforos en rojo sabiendo que morirán mañana.  Todo para colarse en el patio de tu edificio y  llegar hasta tu cama. Te han despertado las puñeteras.  Coges un cojín y las intentas espantar en balde. Traman algo, eso está claro. Puedes oir como frotan sus patitas en la oscuridad. Te escondes bajo el edredón.  Nada bueno se puede esperar de un bicho, por mucho que este tenga alas y preciosos colores. Que no te engañen con su belleza, han vuelto aquí para joderte, seguro. Te resguardas bajo las sábanas, como un niño que lucha contra el monstruo de su armario, y piensas en la última vez que vinieron a verte.

Lo dejaron todo patas arriba ¿acaso no lo recuerdas?.  Tu dignidad en el sótano, la ilusión en algún cajón y ni una idea sana en la azotea. Fue la noche en la que te cruzaste con Marcos en aquella terraza de Madrid. Esa a la que tanto insistías en ir, repleta de gente más hipócrita que moderna. Vamos a dejarnos ver un poco, le ordenaste a Marta y agarrándola del brazo la arrastraste hasta la Calle Mayor. Subistéis hasta la planta 16 de un recién estrenado edificio. Que decir que desde entonces siempre has odiado ese número. Canciones de autores incomprendidos llegaban a tus oídos.  Cuatro copas,una mirada desde la barra y ya estabas perdida. Unas mil mariposas se anidaron en ti aquella madrugada de abril. 

La alarma de la mesilla te despierta. Las siete. Demasiado pronto para comenzar a vivir, piensas. Sigues en la misma posición, a oscuras bajo las telas, pero se han movido levemente durante tu sueño. Y te despiertas con una sonrisa absurda. Sí, alguna de esas dichosas mariposas se las ha ingeniado para colarse por algún resquicio y ha llegado a tu estómago. Has soñado con él.

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Un comentario en “Mariposas de ciudad

  1. Muy bonito :)
    Creo que esas mariposas que insisten en perseguirnos y habitan en nuestros sueños en ocasiones se convierten en una losa similar a la del típico colega pesado, que sí, que es muy majo, pero ya es hora de que deje de darte la tabarra con el tema de… pongamos por caso, el siempre genial y recurrido asunto de su ex novia. Las mariposas estas a las que se hace referencia están bien para inspirarse, para mirar en babia a las nubes que cruzan el cielo, o ralentizar un bonito desayuno al calor del sol, pero hemos de reconocer que lo que se dice prácticas, no son mucho, y es que debo de ser el tipo con más sexapil para los lepidópteros, porque últimamente he dejado de lado la prosa y en vez de hablar recito, me duelo el cuello de tanto mirar al cielo, y comienzo a exhibir un más que preocupante color rojizo en mi piel tras mis ya habituales desayunos al Sol. En fin… será el peaje de ser adictos a soñar.

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