Aburrida

Llegas a la fiesta de cumpleaños de Victor pero a tí tanto Victor como su fiesta te importan tres cojones. Estás nerviosa y sabes perfectamente porqué. Hace días que no os veis y te preguntas si él habrá pensado en tí tanto como tú lo has hecho en él. Te has puesto el vestido más corto de tu armario y una chaqueta roja chillona a juego. Unas piernas largas nunca fallan, piensas, y al llegar a la mesa de la terraza del bar, donde todos ya están sentados, te colocas exactamente en paralelo a él para que no pueda hacer otra cosa que admirar la raja de tu falda.  Sin interferencias de por medio. Línea recta y gratuíta entre sus ojos y tus muslos. Hoy vuelve a caer seguro.

Todo el mundo parece entretenido alrededor de Víctor, entregándole  regalos y cumplidos  hipócritas a partes iguales y ves que la silla de al lado de Carlos está ahora libre. Es tu oportunidad. La falda no parece haber surtido el efecto esperado. Alguna mirada furtiva  ha dirigido hacia el lado de tu mesa, pero no has logrado determinar si te miraba a tí o a la tarta de chocolate.  Te acercas y le susurras algo al oído, de ese tipo de cosas que hasta tus amigas catalogarían de zorra. El sonríe tímidamente o hace una mueca extraña, no estas segura, pero tú estas determinada a quitarle los pantalones esta noche. Hay que ver como eres cuando se te mete algo entre ceja y ceja.

Justo cuando estas a punto de volver a la carga llega Xabi. Dios, vas a matar a Marta. Te había jurado que él no vendría y ahora todo se puede irse al traste por tres lastimeros polvos. Xabi se coloca entre Marta y Pablo. Intentas mirar a Marta de manera furiosa  y que capte tu enfado pero ya es tarde. Charla animadamente con Xabi y no parece percatarse.  Te llegan murmullos de su conversación, de la historia del chaval que ha conocido y con el que se escribe mensajes por Facebook. Solo han quedado una vez y está emocionadísima. Marta siempre ha sido un poco patética, la verdad. Vuelves a intentar retomar las cosas con Carlos pero parece que él ha aprovechado tu momento de desconcierto y se ha largado sin decir nada. Tremendo cabrón. Por eso estás tan enganchada a él, te recuerdas.

Xabi parece más borracho y fumado que nunca esta noche. De repente se levanta de la mesa y exclama algo así como “Soy libre, vuelvo a estar en el Mercado”. Le dedicas la primera mirada de la noche inténtandole comunicar con los ojos que se siente y deje de hacer el puto ridículo pero no parece comprenderlo. Idiota. En realidad te transmite algo de lástima y de culpabilidad. Lo acaba de dejar con Silvia después de siete años de aburrida relación y tú fuiste la que encendió la mecha y dinamitó la relación cuando te metiste en su cama en aquel viaje en grupo a Canarias de hace dos semanas. Después de eso además, te has acostado con él otras tres veces, todas esta semana. No sabes muy bien porqué o más bien sí, cabrona. Carlos ha estado fuera de la ciudad la última semana, y ya se sabe que cuando uno se acostumbra al sexo no conviene romper la rutina. Total, que Xabi  estaba a mano y es muy buen chaval. Decides ser maja y te levantas y te diriges a saludarle con dos besos, pero el parece intentar darte uno y al final todo queda resuelto en dos besos cerca de la comisura de sus labios. Mal. Además te acaricia de manera extraña la parte de atrás de las rodillas. Él si parece haberse percatado de la raja de tu falda. Vuelves corriendo a tu asiento y te enciendes un cigarro. Un cigarro tras otro. Ya no ves a Carlos en el bar. Marina también ha desaparecido mágicamente y te cuesta aproximadamente tres segundos atar cabos. Mierda, ya no te quedan más cigarros. Pablo se acerca y con un pequeño codazo y una sonrisa pícara  nombra a Xabi. Quieres que la tierra te trague, vas a tener que cortar esta historia  de raíz.

Llega la hora de la tarta y las velas. Victor hace como que no se lo esperaba y todos hacéis como que le creéis. Todos cantáis el cumpleaños feliz mirando como el homenajeado sigue interpretando su pantomima de sorprendido, excepto Xabi, que parece cantartelo a tí alelado. Lo ignoras. Termina la canción y Marta toma como siempre el papel protagonista, que aquí si no nadie se mueve, y se pone a repartir los trozos de tarta. Rafa se pone a hablarte de un festival al que  piensa acudir con Pedro: Screaming Targets, Subsonics y otros tantos grupos modernos en cartel. Te interesa. ¿Cuanto cuesta el bono?. Ochenta, genial, quedáis en llamaros la semana próxima. Te pasas el resto de la velada hablando con él de la crisis y otros tantos temas socorridos, mientras os acabáis la última botella de vino de la mesa.

La fiesta se va apagando poco a poco. Todos parecen escaparse con las mismas explicaciones “mañana hay que madrugar”, “ya solo voy a dormir 4 horas” y demás. Todos menos Xabi que no tiene ninguna prisa y cuando ya quedáis unos pocos se ofrece a acompañarte a casa. Tengo la bici aparcada cerca de tu portal. El plan no te llama mucho, pero puede ser una buena ocasión para dejarle las cosas claras.

Camino a casa te pide pide un beso y se lo niegas. No parece tomárselo muy mal y de hecho no parece nada dolido. Cinco minutos más tarde vuelve a intentarlo y la cosa se pone un poco tensa. Tenías que haberlo visto venir  cuando se quedó abrazado a tí las dos últimas veces después de follar. Parecía Winnie the Poo. Le explicas que no quieres novio, que lo tienes bien claro y que lo líos que se prolongan demasiado en el tiempo terminan en una relación. Le mientes descaradamente, vamos, tú lo que quieres es estar con Carlos.

Llegáis al portal y  Xabi usa una excusa patética para acceder a tu piso. Necesita usar el baño y parece que en el fondo es cierto porque lo ves correr hacia el baño nada más llegáis a tu piso. Saludas a tu gato y vas cambiarte a tu cuarto. Al volver en pijama lo ves en el salón. Se enciende un cigarro sin venir a cuento. Está gastando su último cartucho. El lo sabe, tu lo sabes, el sabe que tú lo sabes, pero le dejas hacer. Le explicas de nuevo que no puede ser, tenéis una conversación adulta que finges que te importa y le acompañas al descansillo. Te pone ojos de corderito. En el fondo es buena gente, admiras que nunca pierde la esperanza.Te dejas hacer de nuevo, te abraza. En ese momento piensas, coño, igual lo estoy haciendo todo al revés, quizá debería invitarle a volver a mi piso, dejar que me vuelva a quitar las bragas. Debería dejar que me hagan el amor y no que me follen. Y que me abracen después. Estas apunto de decidirte y darle una oportunidad cuando sientes que tu gato cruza la puerta y sale pitando por tu lado ¡El gato! ¡se escapa! Vas corriendo detrás de él hasta el portal. Xabi te sigue. Recoges al gato y te despides  de Xabi cordialmente. Nos vemos un día de estos. Ha estado guay dejar las cosas claras, ahora vamos a ser mejores amigos. Y te diriges escaleras arriba.

En tu piso piensas a donde te conduce todo esto. Si estarás cometiendo un error. Te trataba bien, te reías, se preocupa por tí y todas esas cosas importantes que dicen que buscan el resto de las mujeres. Pero tu no eres el resto de las mujeres ¿eh? Que cojones. En realidad no te importa una mierda.  Estas aburrida.  A tí lo que te gusta es que te chuleen, te puteen y luego quejarte a tus amigas. En  realidad Xabi y sus sentimientos no te importan, solo la pereza de volver a dar explicaciones. Acaricías a tu gato agradecida, te ha librado de cometer otra más de tus locuras.   A tí Xabi ni te va ni te viene y además, para colmo,  la tenía pequeña.

En contraposición al relato “Divertido” de G. Calzada

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