El invierno es solo una época del año

Después de todo las flores seguían floreciendo en el jardín. Lo habían hecho desafiando todo pronóstico, soportando lluvia, nieve, en ocasiones granizo, pero sobre todo habían sido capaces de sobrevivir a la indiferencia y el descuido de la dueña de la casa. Ella había estado absorta en otros asuntos aparentemente más trascendentales. Pero ese día, para sorpresa de todos, había cogido por primera vez en meses su abrigo y había abandonado la casa haciendo un ruido suave al cerrar la valla a su paso, como si estuviera pidiendo permiso para su marcha.

Podría decirse que un gnomo de cerámica había sido el único testigo durante  los cuatro meses que pareció durar aquel inusual invierno. Colocado y olvidado en el rincón sureste de aquel terreno pudo verla enmudecer hasta mediados de enero, romper a llorar a comienzos de febrero y no parar hasta finales de aquel mismo mes. En las escasas veces que la pudo ver desde su ángulo del jardín, tras la ventana de la cocina o el salón, ella siempre parecía obsesivamente aferrada a un marco de madera gris. La mirada siempre pérdida y teñida de un tono rojizo. Debía de portar alguna foto muy valiosa que él nunca llegó a ver, jamás lo apartaba  más de dos centímetros de su pecho. Incluso en las contadas ocasiones que la vió bajar a la cocina y comer algo, ella nunca soltó aquel objeto.El gnomo pasaba largas horas haciendo conjeturas, debido en parte a su naturaleza curiosa pero también al aburrimiento que sufría solo y abandonado entre la maleza y las flores que no le daban ningún tipo de conversación. Antes, pensaba, todo era diferente. Recordaba a un niño que solía jugar con él a menudo, sobre todo en las horas previas al mediodía, pero hacía meses que no lo había vuelto a ver. Cuando él estaba el  gnomo se sentía menos solo.

La última visita de aquel niño, la llegada del invierno y el decaimiento de su dueña habían ocurrido casi simultáneamente y pensó que  tales hechos tendrían algún tipo de relación. Esa era su hipótesis principal. O quizá no. Tampoco podía pretender comprender al ser humano o estar seguro, él era un simple trozo de piedra pintada destinada a decorar la vida de otros.  Sin embargo, desde la ínfima sabiduría que pueda poseer un gnomo de jardín intuyó que el tiempo debió de tener algo que ver con aquel cambio, con aquella marcha o con que hubiera soltado por fin el marco de madera gris,  y que al igual que las flores de aquella explanada habían sido capaces de sobrevivir contra todo pronóstico, su dueña lo había hecho ante aquel inusual invierno. Al fin y al cabo, una estación es solo una  época del año y toda época tiene su fin. Eso es algo que hasta un simple gnomo de jardín es capaz de asegurar.

William Fitzsimmons – GoodMorning (winter will end)

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