Todas las tardes que sucedieron a septiembre

memoria

Marcos

Es irónico descubrir la completa indiferencia que producen ciertas personas que comprendías  indispensables no hace tanto tiempo. Fueron otra broma de la vida  que acostumbra a sacarnos la lengua demasiado a menudo. Pasa ese tiempo indeterminado y uno se siente como Copernico, descubriendo una verdad que estaba ahí a la vista de todos y nadie fue capaz de señalar con el dedo. Ni esa persona era el sol, ni giró nunca alrededor de tu tierra. La inmensa mayoría de la gente gira sobre sí misma, es más seguro. Y Sara no fue una excepción.

Comparar a Sara con un astro como el sol le suena ahora a Marcos algo exagerado, pero es cierto que el pelo le brillaba de una manera especial incluso en el día nublado en el que se conocieron. Caminaba por el puerto un domingo, la segunda semana de septiembre, haciéndose hueco como  podía  entre camisetas moradas, amarillas y verdes. La vió al fondo, apoyada sobre el suelo mojado sin parecer que eso importase y Marcos imitó su gesto por inercia. Había algo que le llevó a hacerlo y que aún a día de hoy desconoce.

Así que es esto” pensó mientras  ella apoyaba sus brazos sobre la piedra del muelle y giraba su cabeza para mirarle .  Es esto sí. Es no querer dejar de sostener la mirada y a la vez no ser capaz de hacerlo. Es admirar las palabras del otro antes de que las pronuncie e incluso cuando las calla, como ella hizo aquella tarde de septiembre y el resto de las tardes de los siguientes siete meses.

Sara

Cerró el libró lentamente. Había leído algo que le recordaba a aquella tarde de septiembre en el muelle pero no era capaz de saber exactamente cual había sido el párrafo, la frase o la palabra culpable. Le echaba de menos. O eso pensaba que debía ser echar de menos a alguien, nunca antes se había sentido así. Le faltaba algo que debía ser él, irónico cuando nunca sintió que él formara parte de algo. Ella nunca se lo permitió… Pero ahí estaba de nuevo esa sensación de sentirse un juguete incompleto. No era una sensación demasiado intensa ni dramática, Sara no era dada a ese tipo de cosas. No lo definiría como un dolor, pero si una molestia. Incordiaba. Una molestia constante que se manifestaba  sobre todo los lunes de 5 a 7 de la tarde, las horas que solían compartir casi siempre en silencio.

No entiende como alguien puede echar de menos el silencio cuando es algo que puede tenerse cuando uno quiere.  Allí, sentada en el sillón blanco de la esquina de su cuarto se da cuenta que incluso los silencios si no son con Marcos suenan diferentes, como el resto las cosas desde que decidió marcharse.Ya sabía lo que le pasaba… Había girado demasiado tiempo sobre sí misma y había terminado por marearse, y por supuesto, por perderse.

Le echaba de menos.

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2 comentarios en “Todas las tardes que sucedieron a septiembre

  1. Los polos opuestos, que se atraen. La Masculinidad se enamoró de la Ternura. La Niña se enamoró de la Virilidad (no lo digo con dobles sentidos). La física aplicada a la etimología. El Machote y la Princesa. El primero busca lo delicado escapando de lo grosero, lo basto, lo zafio, lo burdo. Es el culturista que se compra un Chihuahua. Ella busca… No busca nada. Se está bien viviendo como una princesa. Pero si te comportas como una princesa los demás pasan a ser súbditos. Mal, Sara.

    Marcos, corre. No mires atrás o caerás de nuevo. Tanto musculito y en el fondo es un sentimental…
    Sara, deja de girar sobre ti misma o además de marearte, terminarás sola o con algún príncipe del que tú serás la súbdita. Y ese tipo de relaciones son malsanas, sean a gusto o a disgusto.

    Qué gran ciencia la etimología, cómo ayuda a destripar, a resumir las historias humanas. Lástima que sólo nos importe si la historia sale mal. Si sale bien… le importaría a Sansón que la susodicha se llame Dalila? Y a Desdémona que le tire los tiestos un tal Othello? (Por igualar la balanza…)

    El elegido. El elegido de Dios. El elegido para qué?!?!? Manda huevos con la etimología!!!

    1. Que Sara, la mujer, sea la “princesa caprichosa” en esta historia y Marcos, el hombre, el “paciente e incauto principe” es una simple casualidad. Podría haberla escrito al revés e incluso, hubiera quedado en parte más fidedigna a la realidad. No sabes cuantos hombres “aprincesados” hay por ahí.
      La fórmula es siempre la misma, son los opuestos, como tú bien dices; el rescatador y el rescatado, el seductor y el seducido….
      Pero independientemente del genero al que se pertenezca…
      Todos hemos sido Sara y todos hemos sido Marcos alguna vez.

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