Whatsapp y otras torturas del siglo XXI.

Una innovación puede, paradojicamente, implicar un paso atrás.

mi antiguo teléfono era tal que así

Es la década de los 90. Tengo 8 años y meriendo tranquilamente una taza de cola-cao con galletas trituradas (sí, me gustaba  hacer esa guarrada) a la vez que empiezo a hacer mis problemas de mates sobre la mesa blanca y redonda de la cocina. Mi hermana, mientras tanto, se pasea de manera nerviosa por toda la casa. Viene a la cocina, se sienta, ojea una revista, se levanta de golpe, abre el frigorífico, ni lo mira, lo cierra y se va. Lleva así dos tardes seguidas e inexplicablemente pega un salto cada vez que suena el teléfono.

Y por fin, ahí está, a las 7:30 de la tercera tarde por fin suena el “ring” del teléfono verde de la pared que irrumpe en la cocina rompiendo el silencio, y mi hermana que se apresura, no vaya a ser que el patriarca se adelante. Pero,no, consigue su objetivo y las mejillas se le enrojecen mientras contesta en voz baja a la persona que la escucha al otro lado. Escucho algo como “José” o “Javi”. No sé, no importa, lo importante es que la ha llamado y con ello se ha esfumado por fin  esa cara de agonía que se paseaba en bata.

Recuerdo esa anécdota y me pregunto si deberiamos envidiar esos noventa dónde la incertidumbre residía en un solo aparato. De acuerdo que si esperabas una llamada podías (¿debías?) pasarte el mayor tiempo en casa para asegurarte que estarías preparada para contestar, ilusionada o maldiciendo dependiendo de la espera. Pero nunca había una certeza absoluta de lo que estaba ocurriendo. Si la espera era larga siempre podías justificar la ausencia del susodicho  que conociste el otro día en tal bar con interminables teorías ilógicas, de esas que inundan nuestros diálogos internos;

a. Diossss seguro que su  perro (el que sabes que no tiene porque te dijo que era alérgico)  se ha comido el papel con tu número.

b. Ha echado a lavar el pantalón de aquella noche a la lavadora. La ha puesto en marcha. Han pasado cinco minutos en los que ha recordado que el papel con el número de esa maravillosa mujer (oseasetú) estaba en el bolsillo izquierdo. Tarde. Intenta parar en vano esa maquina infernal que esta destrozando su futuro. Por fin lo consigue, no sin antes inundar la cocina, pero descubre que el papel está hecho añicos. Cae de rodillas dramaticamente  mientras grita “noooo ¿porqué a mí? jamás la volveré a ver”

c.Igual le ha pasado algo o….o… Está muerto. Camión que se salta un stop, electrocución, infarto ¿con 23?  vale, no…quizá le ha atropellado un tranvía ¡como a Dalí! ¡sí!… ¿pero si en Donosti no hay tranvia?… bueno, no sé, pero seguro que le ha pasado algo. Seguro…porque le gustaste.. o ¿ no?

Pero ahora todo eso es imposible. Todas esas teorías absurdas que te podían contentar  quedaron inservibles gracias a esos tres enemigos de las relaciones sanas a los que nos enfrentamos cada día; La última conexión, el double check y las actualizaciones en redes sociales.

whatsapp
  • La última conexión: La última conexión es esa herramienta del diablo que opera y trabaja única y exclusivamente para y por la destrucción de todas las parejas de bien. Convierte a las personas normales en seres desconfiados, controladores. La aplicación parece susurrarte al oído “ey, sé que confias en tu pareja, pero mira… estaba conectado a las 6 de la mañana un martes.. UN MARTES. yo no quiero meter cizaña ¿eh? es solo por comentar”
  • A mí, por suerte, no me afecta mucho esta opción (¡chocad esos cinco singles del mundo!). Pero para todos aquellos que estén sufriendo daros la buena noticia de que se puede cancelar esta opción en móviles Iphone (ver como aquí) y para los pobres androides recomendaros que os bajéis LINE, que además tienes unos muñecos de lo más molones.
  • Actualizaciones en redes sociales: Cuando ya te habías inclinado por la opción C y dabas por hecho que estaba muerto abres inocentemente tu facebook y…

“José Pérez ha sido etiquetado en 23 fotos del albúm FIESTON DE LA UNI”.

Y es ahí, de un plumazo, con una simple frase cuando tu teoría se va al traste. O no..porque, sí, claro que está muerto… muerto de la risa con ese cubata en mano y esa tia del braz…….¡Joder! ¿quién es esa rubia probablemente SOLO cien veces más atractiva que tu? No importa, porque sea como fuere, no te ha contestado a ese mensaje de FB que le enviaste antes de ayer mientras volvías borracha a casa. Definitivamente el ron es otra herramienta del diablo. Y los chupitos de Jagermeister hijos directos de satanás. Pero Zuckerberg nos echa una mano en esto porque “VISTO” no es lo mismo que “LEIDO”  (respaldado por la RAE) y siempre podemos jugar con esa ambigüedad… “Cariño, si yo abrí el mensaje, pero no lo miré porque estaba justo en el coche y se puso el semáforo en verde y tuve que…”

lo único bueno del whatsapp; mis queridos monos

Y ese es otro punto a tener en cuenta ya que todas estas tecnologías nos han convertido en máquinas escupe-excusas. “Oye que tengo sueño, hablamos mañana” (esto a las ocho de la tarde) “oye, te dejo, que estoy conduciendo” (cuando no tienes ni el carnet) “Oye, hablamos más tarde que tengo que cenar” ( a las seis de la tarde no queda muy verosimil, no). El otro sabe perfectamente que le estás mintiendo, y tu sabes que lo sabe, el sabe que tu sabes que lo sabe. Pero hay un pacto no escrito porque tu también mientes y debes entonces perdonar al otro. Sobre estas mentiras piadosas y su necesidad en los nuevos modos de comunicación, podéis ver la siguiente charla de la serie TEDtalks, 3 types of digital lies.

Después me pongo a pensar…¿os imagináis que el whatsapp hubiera estado presente a lo largo de la historia? Quizá, en ese caso, ni tu ni yo hubieramos nacido… Nuestros padres tampoco lo hubieran llevado bien,por mucho que siempre insistan en eso de que están echos de otra pasta, te lo aseguro que no. Esa fría noche de invierno en la que te concibieron bien podría haber quedado facilmente arruinada por la torpeza de tu padre, que le contesto un simple OK, sin ni siquiera un puñetero guiño, a la parrafada que le metió tu madre sobre cuanto le echaba de menos mientras estaba en la oficina. O porque le había puesto el corazón VERDE, cuando antes siempre le ponía el ROJO. Y esa noche de lujuria en la te iban a concebir, nada, queda en una lucha por las sábanas y culos que se miran en pompa, enfadados.

Y es que con el whatsapp hasta las historias de amor más sólidas podrían quedar arruinadas.

-Oye, tú, ¿qué tal con Romeo? me han dicho que es majo chaval ¿no?

-psss…

– Y no les gusta a tus padres…¡que morbo!

-Bah, tampoco creas..

-Oye que me dijiste que te viene todas las noches a recitar bajo tu balcón versos de infinito amor ¿no?

-No me hables, no me hables… majo chaval…precisamente anoche que vino aquí como siempre a recitarme y eso que se va a las dos o así, que tenía sueño y que no le quedaban versos.  ¿Sueño? Y entonces ¿qué hacía conectado a las 4 de la mañana eh? Si ya me lo decía mi madre, con esa gentuza de los Montesco ni se te ocurra mezclarte…

Vamos que o aprendemos a ignorar a la tecnología y sus maldades a la hora de comunicarnos o estaremos condenados a complicar todas y cada una de nuestras relaciones. No harán lo que deben hacer FLUIR. Por lo que la próxima vez que alguien tarde en contestarte y te mosquees, recuerda que todos tenemos una vida lejos de los chats y las notificaciones. O si esa persona deja de ponerte emoticonos o algo te suena borde o seco, cambia ese pensamiento por el recuerdo de como te mira, te toca o te guiña cuando estáis cerca. Porque ese será sin duda el mejor y más sincero emoticono que podrás recibir nunca. Y eso teniendo en cuenta lo mucho que molan los monos es mucho decir.

frienship

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Un comentario en “Whatsapp y otras torturas del siglo XXI.

  1. no puedo estar mas de acuerdo…. creo que todo seria mas facil sin tanto chivatazo por parte de las redes sociales! Perdemos libertad, incertidumbre y sobre todo esas mariposas de saber qué pasará….
    Muy buen post! Añádase emoticonos con carita feliz, las manos dando palmas y el OK”

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