y llegó el otoño

Una mañana cualquiera

Y con él los abrigos y las chaquetas. Y esas botas que se calan irremediablemente y el resfriado posterior. Salir a la calle a las  7:30 de la mañana y comprobar que apenas queda nada de la luz que inundaba las mañanas de verano. Meterte  en el coche y comprobar que los   11 grados que marca el termometro del  coche dan explicación  a esa  piel de gallina. Aún no sale vaho por la boca pero todo se andará.

El otoño ha llegado y como siempre doblo y guardo con pena todas las prendas de verano; vestidos, shorts  y muchas camisetas. Son simples trapos pero cada uno de esos trozos de tela trae consigo una historia. A mi mente el recuerdo de un concierto o a mis oídos las risas que echamos en muchas terrazas. El vestido amarillo me habla de una noche siciliana y el negro de otras cuantas deambulando por la ciudad. El sombrero que compré en Estambul cuelga de una de las paredes de mi habitación y las sandalias ya destrozadas que han pisado media Europa deberán esperar un año más para que las saque de paseo.

Siempre me ha costado admitir la llegada del otoño, y eso que muchos le encuentran un lado romántico; las hojas caen de los árboles e inundan de colores las calles, y caminas sobre ellos y hacen un sonido especial y no sé cuantas historias más que a mi no me terminan de convencer. Será gente que ha visto demasiadas veces “Otoño en Nueva York”, pero claro esto ni es Nueva York, ni he encontrado a mi Richard Gere, ni nada. A mi lo que me gusta es tomarme un buen mojito en la playa, en buena compañía, al atardecer, no es romántico, de acuerdo, pero es un gran plan. Mejor plan que estar luchando con el viento y el agua, en pleno invierno por las calles de Donosti, mientras te maldices por haber tenido la genial idea de haberte comprado el paraguas en el chino.  En eso creo que todo el mundo estaría de acuerdo, en verano todo resulta más fácil, todo sale más natural.

Pero “La vida es algo que hay que morder” le he escuchado cantar a Fito esta mañana mientras aún retozaba entre las sábanas, perezosa, como la del comic. Y hay que morderla sea agosto o diciembre, nieve o haga sol, hay que ir directamente a por lo uno quiere, sin importar nada más y menos aún como esté el cielo.

Al menos, he pensado a la vez que ponía el primer pie en el suelo, hoy toca pintxo-pote. Todo en esta vida es actitud y este otoño toca “morder”.

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