Il conto, per favore!

No sé porque razón, o quizá no la haya, o por pura casualidad, en unos pocos meses  he recorrido media Italia; Capri, Roma, Venecia, Palermo… Pero quizá, y dada la compañía, los mejores recuerdos recaen en esa isla que representa un balón que el resto de Italia parece estar siempre apunto de golpear. Esa isla llamada Sicilia, o como  sus habitantes  prefieren denominar “la bella Sicilia”.

Siracusa, Piazza Duomo

Y ahí, en su capital, Palermo, nos plantamos un 23 de agosto, mi cumpleaños (¿casualidad? no, conmigo no existen esas cosas, yo lo tramo todo), tras 3 escalas de vuelo sin ningún sentido, 40 grados y maletones a cuestas, lógicamente llegamos más muertas que vivas. Porque a nosotras lo del rollo mochilera nos va mucho teoricamente, pero luego en la práctica,  con tanto “por si acaso” por llevar esa idea se torna totalmente utópica. Y tras una rápida ducha, plantarnos una flor bastante fea en la cabeza, amparándonos en esa  repetida excusa de “aquí no nos conoce nadie”, comenzamos la noche y con ella nuestra accidentada andadura por la isla. Pero tranquilos, no os voy a contar los nueve días. En su lugar os voy a dejar unos cuantos apuntes, unas cuantas conclusiones que hemos extraído tras el viaje.

– Los hombres italianos: Obviando sus horribles y minúsculos bañadores y esa tendencia a dejarse bigotillo (¿?¿ esto fue un lamentable descubrimiento que hicimos),  tienen algunos puntos a favor. Los hombres italianos no es que estén miopes  y por eso se queden mirando fijamente, no señores, ¡ están intentando ligar! Sí, sí… eso que parece tan difícil en nuestro pequeño país, a ellos les sale natural, los piropos, las miradas… Vale, aquí he de confesar que tardamos escasos 30 minutos en descubrir que lo hacen con todas, que les da igual arre que so, intentarlo con tu amiga y luego con tu prima, si pesas cien kilos, eres tuerta o coja.. pero oye, si una es capaz de ignorar ese hecho, pues se va tan feliz a casa con un ego tan grande y henchido que podría raspar el cielo. Y es que como en muchas tantas situaciones de la vida, la ignorancia es la felicidad.

-Las playas: Aguas cristalinas, miles de peces, pequeñas calas y el placer de poder bañarte a una temperatura de 25 grados…. Sin embargo si lo que buscas es lucir glamourosa, Sicilia no es tu isla. Las playas son de piedras. Y con piedras no me refiero a piedritas que te hacen cosquillitas en los pies, no, me refiero más a “rocas” que te destrozan la espalda y evitan que puedas salir del agua a lo  Halle Berry en Muere otro día de James Bond.  Imagínate más bien o, mejor, visualiza en tu mente a Chiquito de la Calzada saliendo del agua gritando “jarl!!” repetidas veces…. ¿Lo tienes?. Pues es algo exactamente así…

Arancini…mmm

-La gastronomía: Fabulosa si vas con un buen presupuesto en mente; pescados, guisos, arroces, cous-cous, pasta… Se intuye en muchos de sus platos la influencia de todos las civilizaciones que la invadieron durante los 3 últimos milenios ( árabe, española, griega…). Pero que no cunda el pánico; si eres estudiante o, lo que es casi peor, mileurista, siempre puedes tirar de Arancinis (“croquetones” de arroz rellenos de Ragu; carne, queso, jamón y otras mil cosas) y de postre unos Cannolis (dulces típicos rellenos de queso ricotta).

– La rivalidad norte-sur: Eso que se repite en el 99% de los países y no iba a ser diferente en Italia.  Los sicilianos odian a los milaneses. Lo descubrimos porque  8 de cada 10 sicilianos con los que hablamos, sin venir a colación, nos comentaron que Sicilia es mucho mejor que Milán “que será muy bonito, pero su gente es fría”. Tendremos que ir a Milán a comprobarlo.

-El idioma: Prego sirve para todo. Que te dicen Escusi, tú dices prego, que te traen la cuenta, tu dices prego. ¿Que no sabes que decir porque no has entendido absolutamente nada de lo que acaban de decirte? dí prego y quedarás como una reina. No intentes entenderlo, es así y punto. También es básico para la supervivencia en la isla, saber que formaggio es queso, pomodoro tomate, andata y ritorno y por supuesto saber decir…

“Il conto, per favore!” y esperar lo peor por supuesto.

Y aunque hayamos vuelto con la cartera temblando, creo que en el fondo hemos salido ganando con el intercambio.Hemos vuelto sin los billetes y con calderilla, pero hemos llenado la maleta de muchos y grandes momentos; algunos se pueden contar y otros… no saldrán nunca de ninguna de nuestras cuatro bocas…

Lipari, Aeolian Islands

Muchos de esos momentos se los debemos a una serie de personas  que por su hospitalidad o simple peculiaridad dieron el “toque” especial a este viaje . A Davide, un camarero que es probable que no volvamos a ver nunca más, pero que nos salvó con su precios jeep inglés de perecer cerca de la playa de Mondello, a muchos kilometros de la cama en la que necesitabamos desesperadamente tumbarnos. A Marco y su compañero en el chiringuito de la playa White Beach de Lipari, que con sus copas, platos de fruta y hamacas gratis nos alegraron la tarde y además la llenaron de momentos un tanto peculiares. Al grupo de chicos italianos que nos invitaron a una “boat party” que fue en parte un fracaso, pero que nos trataron tan bien y hicieron unos mojitos deliciosos. A Andrea “el marinero”, el capitán y su mujer, por tratarnos como de la familia en su pequeño barco, durante las 12 horas de excursión, desde el primer minuto hasta el último.

Porque puede que  seas rarito y no te gusten sus playas, su gastronomía, su paisaje… o que te horrorice que todo parezca de hace treinta años,  pero sin duda alguna, es totalmente imposible que no te guste su gente.

Arrivederci Sicilia!

Anuncios

2 comentarios en “Il conto, per favore!

  1. Perfecta descripción de una tierra de la que llevo enamorada hace mucho tiempo. O al menos, si la descripción no es pefecta, se ajusta mucho los recuerdos que tengo de mis 12 meses viviendo en la bota. La recorrí de arriba a abajo: Roma, Siena, Verona, Venecia, Napoles, Perugia, Florencia, Pisa, Caserta, Pompeya… pero el viaje que recuerdo con especial cariño fue mi tour por Sicilia.
    Y he de reconocer que he vivido cada una de tus conclusiones: pude comprobar lo empalagosos que pueden llegar a ser los italianos (o como dicen las italianas, “marpioni”); disfruté de sus aguas cristalinas y sus playas; me harté de comer “aranccini”, teniendo en cuenta mi condición de estudiante durante mi estancia, hace ya un tiempo; comprobé que en hospitalidad no les gana nadie; y me fui de Italia diciendo la misma palabra que pronuncié al llegar, “prego”.
    ¡Gracias por hacerme recordar con tu post!

    1. ¡me alegro mucho de que haya conseguido traerte esos recuerdos!! sin duda, Sicilia… es maravillosa y tan diferente! Muchas gracias por el comentario, un abrazo!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s