Deck 12

Desde la terraza de la cubierta 12, frente a un café asquerosamente aguado , dirige su mirada a tierra.  Desayuna como siempre en la misma mesa, a las siete de la mañana, cuando aún el barco no ha despertado y apenas se cruza con un par de americanos madrugadores como ella. Son de Pennsylvania, simpáticos y amables. Aparta por un momento su mirada del  croissant que la espera y los mira de reojo a la par que los saluda con un escueto “Hi”. Ellos también día tras día recaen en la misma mesa, justo la que queda enfrente. Definitivamente, piensa mientras vuelve a centrarse en el desayuno, el hombre es un ser de costumbres inamovibles, a la par que huye de la rutina, necesita pequeños ritos que lo anclen a la realidad.

Al otro lado del cristal, un pueblo italiano despierta y no comprende la razón por la cual ha preferido quedarse a bordo. Ella en parte, tampoco. Siempre ha proclamado su pasión por conocer lugares nuevos, recorrer calles no antes pisadas, ver escenas que jamás volverá a ver y guardarlas en la memoria, como pequeños tesoros a los que acudir cualquier día en el que la monotonía y su ciudad se hagan amigos de nuevo.

Pero en parte sí, sabe que lo que ocurre es que tras 7 puertos e innumerables maravillas y ciudades, nada la ha conmovido, ni sorprendido, ni la ha dejado con ganas de más. De repente ya no tiene hambre y decide  darle a  esa mala costumbre que tiene a menudo; reflexionar.

El bolígrafo tambarilea sobre el pequeño cuaderno en el que pensaba escribir sobre todo esto y en el que sin embargo no es capaz de garabatear más de cuatro palabras seguidas sin que un borrón se interponga.  Tarda dos sorbos de café y un cigarrillo en darse cuenta del porqué de esta falta de interés. El cuando, el instante en que algo bello se planta frente a tí, tu estado de ánimo en ese preciso momento, tu falta de curiosidad en el peor de los casos, es injustamente esencial a la hora de apreciar las cosas que merecen la pena. La diferencia entre mirar y ver, al fin y al cabo.El problema no estaba en todos aquellos lugares si no en ella. Reza porque este despiste se haya reducido a lugares y jamás le haya ocurrido con personas. De ahora en adelante piensa estar más atenta, más certera. Ya nunca más mirar sin ganas,  pero tampoco nunca más, y con este pensamiento se riñe, fijar la vista  en cosas que no merecen la pena. Y por último, como no, abandonar su inútil empeño de hallar la objetividad.  

Una canción pasa a traves de los cables de su mp3 y llega a sus oídos, como no pocas veces ocurre, coincide a la perfección con sus pensamientos; …cause it wasn’t my time, it wasn’t my chance, and I am wasting time, and I am wasting money; again.  Un camarero de sonrisa perpetua le pregunta si ha terminado y recoge la taza, el plato y el croissant que ha dejado a medias, mordisqueado. No más reflexiones por hoy, mejor tomar el sol.

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Un comentario en “Deck 12

  1. Bonita reflexión rubia… me la aplico en lo q a mi respecta. ^^
    Y esperemos recordar q iwal de malo es no “querer” ver, q ver mas de lo q hay… q a mi lo segundo me pasa mas de lo q quisiera reconocer.
    Un beso desde el sur. ;)

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