Desear lo que mis dedos no alcanzan

Al hilo de acontecimientos de los últimos días, y apoyando una idea que ha andado rondado mi cabeza en los últimos meses, me empiezo al plantear si no será que solo quiero lo que no puedo tener. Y lo demás, sistemáticamente, no me interesa un ápice.

Todo este tiempo he querido pensar que no, que es todo fruto de la casualidad pero cuando empiezas a observar que las excepciones se estan convirtiendo en la regla es cuando me asusto, me quedo quieta aquí y pienso. Pienso que cojones pasa conmigo. A veces me gustaría volver el tiempo atrás, desprogramarme, formatearme el corazón, para poder empezar de nuevo en  esa época en la que aún nos sabía nada y hacerlo todo un poco más diferente en algunas ocasiones y totalmente al revés en la mayoría. O quizá sería suficiente con desinstalarme el antivirus, que me saltan demasiadas alertas por amenazas que terminan siendo falsas. ¿Algún informático en la sala que me pueda ayudar?

Una vez leí, en uno de esas revistas de psicología barata (lo defino así, porque no quiero creer que pueda ser cierto), que querer siempre lo que no es posible, lo que se nos niega desde un principio, puede ser síntoma de cobardía, de no querer tomar lo que es posible por miedo a sufrir, a romper una estabilidad que tanto ha costado conseguir, acogiéndonos, resguardándonos en su lugar en algo que jamás va a ocurrir, y por lo tanto, quedándonos tal y como estabamos.

Lo dicho, psicología “barata”…

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