Escaparse… ¿y no volver?

Llevo toda la vida escuchando la frase “Donosti es un pañuelo”, y sí, puede que así sea, pero os lo aseguro, si fuera un pañuelo sería un pañuelo infectado de mocos. Me explico. De hace años a esta parte he observado un hecho que ha pasado de parecer un caso aislado a ser un axioma en toda regla;  si deseas encontrarte con alguien en esta caprichosa ciudad, olvídalo, no la vas a ver. La razón puede ser el simple azar o la más avanzada teoría que habla de la existencia de  un Donosti  en un mundo paralelo, habitado por todas aquellas personas que hace siglos que no ves. Sí, uno de esos mundos paralelos   de los que habla el Hawkings, y claro, contra la física no hay nada que hacer, asúmelo, no te vas a encontrar a esas personas.  Y por el contrario, ese individuo (¿individua?) que no querrías ver ni en pintura, ese con el que lo más lógico sería no tropezar, dado que tú vives en el punto más septentrional de Alza y él/ella en la mísmisima punta de Igueldo (vamos que no os une ni la línea 27, y eso es mucho decir), esa misma persona, prepárate, porque la vas a ver hasta en la sopa.

Yo con Donosti vivo una historia de amor y odio, como son en el fondo casi todas las historias claro.

Cuando estoy lejos de ella la echo de menos, o quizá mejor debería decir que una vez estoy en cualquier otro lugar, no puedo evitar la tentación de compararlo con Donosti, aunque el simil no tenga razón de ser, ya que miles son las cosas en este mundo que no deben compararse. Y por supuesto, cuando se ha dado este caso y he  viajado a otras ciudades el 90% de ellas ha perdido la batalla, con las excepciones de Dubrovnik, Praga y Siracusa. De esto se pueden deducir dos cosas; una, que soy un poco ñoñostiarra,  eso sí, sin llegar al nivel  “echar una lagrimilla durante la izada”, y dos, que he viajado más bien poco… o, esperad, tres, que debo revisar la graduación de mis lentillas.

Y luego están las largas y eternas temporadas en Donosti, dónde terminas por aborrecer cada una de las baldosas de sus aceras, cada esquina y cada graffiti, cada calle y comercio, y hasta si me apuras cada grano de arena de sus “preciosas” (nótese la ironía) playas. De esto, que no se me malinterprete, no tiene culpa la ciudad, si no la rutina a la que nos vemos sujetos en nuestro día a día. Es por esta rutina que aparte de un pañuelo, esta ciudad se me antoja a veces un plató de televisión. Siempre las mismas localizaciones (la casa, el coche, el despacho, el bar de siempre, la casa otra vez), los mismos personajes (la madre, el jefe, el compañero, el vecino del quinto…), las mismas tramas y por desgracias los mismos dramas.

Así veo yo Donosti a menudo, como un pequeño plató lleno de marionetas:

Y si Donosti fuera en verdad un plató y mi vida una serie, debo confesar que esta vigésimo sexta temporada me está quedando un poco sosilla; aunque los actores principales son buenos, y he despedido a secundarios que habían tomado demasiado protagonismo, ya no me quedan giros argumentales. Si mi vida en estos momentos fuera una serie tendría un share horrible por culpa de guiones llenos de incoherencia, de frases contradictorias de la protagonista y un elenco que por crisis existencial quizá,  está tirando  más a escenas como las de  Anatomía de Grey (con esa tristona voz en off ) cuando siempre hemos sido más tipo Friends. A mis compañeras de reparto decirles desde aquí que todo es pasajero y saldremos de esta, nos quedan muchos capítulos por escribir, porque nuestra serie por calidad sería tan buena como “Juego de Tronos” y será tan lóngeva o más que “Los Simpsons”.

Es el ciclo que se repite y no te deja ver más alla de las paredes de cartón-piedra de este plató-ciudad el que me empuja tan a menudo, y más este año, a coger la maleta, empacar lo necesario y largarme de aquí. Quizá, como llevo repitiendo desde hace tiempo, alguna vez para no volver.

Para comenzar, mañana me voy a Londres, espero volver y prometo retomar la temporada con más garra.

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Un comentario en “Escaparse… ¿y no volver?

  1. Volveremos de Londres y… nos aportara o espero que nos aporte esa energia que necesitamos para hacerle frente a ese verano que espero sea inolvidable y lleno de anecdotas graciosas! BYE BYE DONOSTI…… WELLCOME LONDON!!!

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